Retomamos un post que teníamos pendiente: Snapchat es una aplicación móvil creada por
Evan Spiegel y Robert Murphy, estudiantes de Standford, que permite el
intercambio de vídeos y fotos que se autodestruyen en menos de 10 segundos.
La compartición de contenido efímero
a través del móvil está de moda entre los adolescentes, y los que no lo son
tanto, arrasando sobre todo en EE. UU. Tanto es así, que los usuarios de esta
app reciben 400 millones de snaps (cada envío de vídeo y foto) al día, según CNET. Sin embargo, conocer el número de
usuarios reales es un secreto bien guardado por sus fundadores y las
estimaciones de TenchCrunch van desde los 12,8 hasta los 256 millones de
usuarios activos al día. Este movimiento ha hecho que grandes como Facebook
hayan intentado comprar la compañía por hasta 3.000 millones de dólares, oferta
rechazada por la startup según WSJ.
Muchos analistas estudian el por qué
del éxito de la aplicación y su modelo de negocio cuyo funcionamiento es
simple: creas o subes una foto o vídeo de tu smartphone (sobre los que puedes
pintar, dibujar o escribir), seleccionas el tiempo de destrucción del mensaje
(entre 1 y 10 segundos), eliges un contacto y pulsas en enviar. El destinatario
recibe el snap. Al pulsar sobre el envío verá la foto o vídeo enviado durante
los segundos seleccionados por el emisor y, transcurrido ese tiempo, desaparece
de su teléfono móvil. Además, si el mensaje o snap no es abierto, se elimina a
los 30 días de su envío. Los creadores aseguran que las fotografías y vídeos
también son eliminados en ese momento de sus servidores desde los que ofrecen
el servicio.
Quizá, parte de la gran acogida por
un público adolescente venga precedida por la moda de los selfies elegida, además, palabra del año por Oxford Dictionaries. Selfies son autofotos realizadas
posando habitualmente ante un teléfono inteligente para compartir en redes
sociales. Twitter e Instagram están llenas de estas fotografías de jóvenes
solos, en grupo (usies), en el baño o en el espejo de su armario y, ahora, también en
Snapchat. Con todo, no solo es cosa de niños como pudimos comprobar en el
memorial de Mandela gracias al selfie de Obama o cada día en los perfiles sociales
de los famosos.
La duda que inunda Internet, y la
cabeza de muchos padres, es si el contenido de los snaps compartidos van más
allá de un selfie para convertirse en sexting, es decir, el envío de contenido erótico o
pornográfico. De hecho, la aplicación está clasificada en la App Store para
mayores de 12 años por la probabilidad, aunque dicen escasa, dicen ellos, de encontrar
contenido de esta índole u otros contenidos ofensivos.
Lo que más preocupa a los conocedores
del mundo tecnológico es lo que también se achaca a Whatsapp, recientemente comprada por Facebook, y otras redes de
mensajería: la vulnerabilidad del servicio. Snapchat ofrece poca seguridad por
los posibles bugs y que el contenido no está cifrado, es decir, con menos
protección, como comentan en Genbeta y hemos visto recientemente, hasta con batidos de frutas. Además, el usuario que recibe
un snap puede realizar una captura de pantalla, por lo que el contenido sí
puede ser guardado en el dispositivo del receptor. Snapchat te avisa cuando el
destinatario lo realiza, pero eso no implica ninguna protección, similar a las
opciones de “no descargar” cuando compartías fotografías en Tuenti. Otro reto
de la app podría ser el spam, pero nada más alejado de otras aplicaciones que
utilizamos a diario.
Con todo, Snapchat también posee
pros, aunque para ello todavía necesite mejorar en los aspectos de seguridad
que comentábamos. La eliminación de las imágenes y vídeos de los servidores y
del móvil de destino provee una capa de protección del usuario y, por qué no,
de la propiedad intelectual que otros espacios no ofrecen… aunque para ello, es
necesario mejorar en el aspecto de las capturas de pantalla y de la
encriptación de los mensajes y estudiar las bases legales que aceptas como usuario. Además, conociendo al público adolescente, y ese
contenido quizá no tan adecuado que generan en la Red, permite un desarrollo de
identidad digital que puede eliminar realmente los posibles errores cometidos,
aunque con ello también elimina los aciertos. Relacionado con esto, hay quien
ya habla de la Internet efímera como una acción real para conservar el derecho al olvido.
Cabe destacar la tendencia hacia la
creación de contenido efímero en Internet. Snapchat no es la única que permite
eliminar mensajes ya enviados aunque sí con diferentes variantes. Gmail hace
años que en Labs ofrece la posibilidad de disponer de un tiempo para deshacer un envío realizado o la española Woowos que facilita eliminar envíos de
mensajería instantánea aunque el receptor lo haya leído. Con un funcionamiento
similar, Hash elimina mensajes y fotos en 7 segundos tras
abrirlos prometiendo el secretismo de “esta conversación nunca existió”, aunque
parece enfocada a un target más adulto; o Poke de Facebook que elimina los mensajes a los 10
segundos de ser leídos. Esta tendencia parece que seguirá expandiéndose como ya
relataba el MIT en su artículo “Temporary Social Media” en abril de 2013, aunque
limitará o modificará lo que hoy entendemos como opciones de amistad, red
social y círculos de confianza. Quizá, hasta Jelly, la red de preguntas y respuestas de los fundadores de Twitter; o Tinder, una de las app de moda para ligar; incluso Marco Polo, relacionada con la compartición de la localización, provengan de esa tendencia hacia lo no permanente.
Así, ante la existencia de más
aplicaciones similares y los pros y contras mencionados, parece que el debate
de fondo ante el éxito de Snapchat no se trata tanto de debatir sobre si usarla o no incita al sexting (como bien recalcan Jeffrey Rosen and Christian Rosen en el
artículo mencionado, 400 millones de snaps no son solo cosa de sexteo); sino de
qué comunicación queremos, qué ejemplos buscamos, qué contenido compartimos y
qué no. Ni siquiera puede que debamos debatir de si estas aplicaciones
temporales respetan la privacidad o no, sino de si nosotros respetamos nuestra
propia intimidad, a pesar de los errores que todos ya hemos podido cometer. La
mejor configuración de la privacidad somos nosotros mismos, qué decimos y qué
no, qué compartimos y qué no… Por lo tanto, el foco con nuestros jóvenes es
formarles en el buen uso de los medios sociales o medios conectados en general
desde la perspectiva del cuidado y protección de sí mismos. Como el equipo de
Snapchat comenta en su blog “So… you know… keep
that in mind before putting any state secrets in your selfies :)”.
Recuerda: antes de enviar un snap ¿lo colgarías en la pared de tu oficina, clase o puerta de casa?
¿Puedes aportar una mejora o sugerencia? Comenta en este blog, en @dianagonzalez o en cualquiera de los canales sociales :).

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Gracias por comentar :)